{"id":11319,"date":"2026-02-05T11:22:52","date_gmt":"2026-02-05T16:22:52","guid":{"rendered":"https:\/\/federacioncolombianadeajedrez.com\/?p=11319"},"modified":"2026-02-06T08:46:21","modified_gmt":"2026-02-06T13:46:21","slug":"11319-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/federacioncolombianadeajedrez.com\/noticias\/blog\/2026\/02\/05\/11319-2\/","title":{"rendered":"Weymar nos mostr\u00f3 un camino"},"content":{"rendered":"<p>Todav\u00eda siento el nudo en la garganta que aparece cuando una noticia llega sin avisar, como si el mundo hubiera hecho un silencio raro. Weymar se fue de repente, y la palabra \u201cde repente\u201d se queda corta: porque no solo habla de la velocidad de la despedida, sino del vac\u00edo que deja. Un vac\u00edo que no se llena con explicaciones, sino con memoria\u2026 y hacia Weymar con much\u00edsima gratitud.<\/p>\n<p>Lo escuch\u00e9, lo vi hablar del ajedrez como si fuera una manera de entender la vida, con pasi\u00f3n que te sacud\u00eda por dentro. A veces, mientras hablaba, miraba alrededor y ve\u00eda asombro, una mezcla de \u201c\u00bfesto s\u00ed es posible?\u201d con \u201c\u00bfc\u00f3mo no lo hab\u00edamos pensado antes?\u201d. Weymar ten\u00eda eso: una capacidad casi inc\u00f3moda de romper la costumbre, de hacerte sentir que lo que dabas por hecho pod\u00eda y deb\u00eda cambiar: &#8220;Avancemos mijito, avancemos.&#8221;<\/p>\n<p>No era perfecto, y quiz\u00e1 por eso su huella es m\u00e1s humana. Porque no se trataba de una figura distante, inalcanzable. Era alguien que se met\u00eda de lleno, se compromet\u00eda, insist\u00eda. Hab\u00eda ideas suyas que para algunos sonaban a locura. Lo escuch\u00e9 m\u00e1s de una vez: \u201cest\u00e1 loco\u201d, \u201ceso aqu\u00ed no funciona\u201d, \u201ceso es imposible\u201d. Y, sin embargo, \u00e9l no se deten\u00eda en la etiqueta de \u201clocura\u201d, lo tomaba como combustible, como una se\u00f1al de que estaba viendo una jugada (o muchas) m\u00e1s adelante, cuando otros todav\u00eda estaban calculando el movimiento anterior.<\/p>\n<p>Lo que m\u00e1s me marc\u00f3 de Weymar no fue solo lo que so\u00f1aba, sino c\u00f3mo lo aterrizaba. Porque so\u00f1ar, so\u00f1amos muchos. Pero \u00e9l hac\u00eda algo distinto: pon\u00eda el sue\u00f1o sobre la mesa, lo convert\u00eda en plan, y luego lo empujaba hasta que empezaba a ocurrir. En su paso por la rector\u00eda del ajedrez, que hoy siento demasiado corta, no se limit\u00f3 a sostener lo que ya exist\u00eda. Nos mostr\u00f3 c\u00f3mo y hacia d\u00f3nde virar, nos hizo mirar el tablero completo, no solo la jugada del momento. Nos record\u00f3 que el ajedrez puede y debe dirigirse con visi\u00f3n, con valent\u00eda y con decisi\u00f3n. &#8220;\u00a1Avancemos, avancemos!&#8221;<\/p>\n<p>Yo me quedo con su voz. Con esa manera suya de decir las cosas, de encender discusiones, de incomodar la comodidad. Con esa energ\u00eda que, incluso cuando uno estaba cansado o esc\u00e9ptico, te empujaba a pensar: \u201cbueno\u2026 intent\u00e9moslo\u201d. Me quedo con esa sensaci\u00f3n de haber estado frente a alguien que cre\u00eda de verdad. Y cuando alguien cree de verdad, contagia, cambia ambientes, mueve a otros y deja marca.<\/p>\n<p>Hoy duele porque su partida nos agarra en plena conversaci\u00f3n, como si hubiera quedado una frase a medias, como si todav\u00eda hubiera una idea m\u00e1s que iba a soltarnos con esa sonrisa segura de quien ve el camino antes que los dem\u00e1s. Y sin embargo, si algo aprend\u00ed de \u00e9l es que el camino no se vuelve invisible porque falte quien lo se\u00f1al\u00f3 primero. El camino queda, queda en lo que inici\u00f3, queda en lo que nos dej\u00f3 pensando, queda en los proyectos que no pueden permitirse morir en la tristeza.<\/p>\n<p>A veces se habla del \u201clegado\u201d como una palabra bonita para cerrar discursos. Pero con Weymar no es un adorno. Su legado est\u00e1 vivo. Est\u00e1 en nuestra nueva forma de mirar el ajedrez a partir de ahora. Est\u00e1 en la pregunta que nos deja: \u00bfvamos a seguir igual, o vamos a atrevernos a empujar lo que \u00e9l empez\u00f3 a mover? Est\u00e1 en la responsabilidad que nos cae encima: que lo que \u00e9l so\u00f1\u00f3 no se quede en an\u00e9cdota, sino que se convierta en continuidad y as\u00ed \u00e9l vivir\u00e1 para siempre en nuestros corazones, nuestra memoria y nuestro ajedrez.<\/p>\n<p>Hoy no solo lo despido. Hoy lo agradezco. Por el impulso, por la visi\u00f3n, por la insistencia. Por mostrarnos que el ajedrez tambi\u00e9n necesita liderazgo que se atreva. Por demostrarnos que algunas \u201clocuras\u201d son simplemente verdades que llegan antes de tiempo.<\/p>\n<p>A su familia quiero que sepan que Weymar no se va solo en el recuerdo \u00edntimo de los suyos: se queda tambi\u00e9n en la memoria colectiva de quienes lo escuchamos y nos sentimos llamados a creer un poco m\u00e1s.<\/p>\n<p>Weymar se ha ido de repente, s\u00ed. Pero no se ha ido del todo. Se queda en nuestras retinas, en ese gesto de asombro que tantas veces provoc\u00f3, y en el compromiso que nos toca asumir. Se queda como una luz que incomoda, que gu\u00eda, que empuja. Y si hoy el dolor pesa, que al menos nos recuerde esto: hubo alguien que vio el camino y tuvo el valor de se\u00f1alarlo.<\/p>\n<p>Descansa en paz, Weymar. Gracias por la visi\u00f3n. Gracias por la fuerza. Gracias por mostrarnos el camino.<\/p>\n<p>Mauricio R\u00edos Parra<br \/>\nAjedrecista<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todav\u00eda siento el nudo en la garganta que aparece cuando una noticia llega sin avisar, como si el mundo hubiera hecho un silencio raro. Weymar se fue de repente, y la palabra \u201cde repente\u201d se queda corta: porque no solo habla de la velocidad de la despedida, sino del vac\u00edo que deja. 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